1.-El triunfo de la derecha en las pasadas elecciones presidenciales abre un nuevo escenario político que obliga a las izquierdas en Chile a reevaluar el rol que esta ha jugado en los últimos cuarenta años, sino en el último siglo. La participación de la mayoría de la izquierda en gobiernos de amplia alianza social y política no se inauguró con la Concertación en el año 1989 con el triunfo de Patricio Aylwin, ya antes en la década del 30 del siglo pasado la formación del Frente Popular donde convergieron los partidos obreros (Comunista y Socialista) con partidos representantes de sectores de la burguesía y las capas medias, como el Partido Radical, fueron el inicio de tales experiencias. Una y otra se gestaron en contra de la derecha, el Frente Popular en 1938 en contra de la oligarquía y la Concertación en 1989 en contra de los sectores que apoyaron la dictadura militar hasta el final; una y otra experiencia terminaron en medio de las frustraciones políticas de una izquierda dividida y abatida en el apoyo a proyectos ajenos a un rol histórico predefinido.
2.-Una diferencia no menos sustantiva fue que el Frente Popular nació en un marco de ofensiva del fascismo y del nacionalismo a nivel mundial, con las repercusiones de la depresión de 1930 y con una izquierda recién partícipe del poder político. Por el contrario, la Concertación surgió luego de 17 años de dictadura militar y con una izquierda derrotada y profundamente dividida luego del golpe de Estado que dio por finalizado el Gobierno de la Unidad Popular.
Esa izquierda ha seguido dividida en los últimos veinte años de gobiernos concertacionistas, aun cuando es claro que electoralmente una parte sustantiva de ella participó de los gobiernos de amplia coalición. Una minoría, de no más de 6% de los que votan siguió adscribiendo a un proyecto histórico de un socialismo periclitado, desprestigiado y aislado.
Una mayoría de la izquierda entonces optó por renovarse y ubicar un nuevo rol: reformas en la medida de lo posible en el marco de un capitalismo dominante a nivel mundial. Ambas izquierdas sin embargo están en crisis producto de sus propuestas conservadoras. Una negándose a reevaluar los factores negativos de una conducción que tenía como su paradigma el “socialismo” soviético y que finalmente llevó al fracaso la vía chilena al socialismo; otra, negándose a levantar una propuesta original sumándose en los hechos a la sola idea liberal en lo económico y político.
3.-Esta debilidad y fracasos de ambas propuestas no desmerece los esfuerzos que ambas visiones realizaron en pos de los más desposeídos y explotados, durante todo el pasado siglo XX y particularmente durante el Gobierno Popular del Presidente Salvador Allende, esfuerzo que se acompañó con una clara propuesta socialista. Incluso mucho del discurso del sentido común actual es producto de ese esfuerzo que levantó las ideas de romper con la desigualdad, de la explotación, del resguardo de los derechos esenciales de salud, educación, vivienda y jubilación justa.
Una importante visión cultural del Chile de hoy se sigue sustentando en los valores que esa izquierda formuló y concretó. Pero lo sustancial en términos de la política, es que esas izquierdas hoy siguen siendo expresión de los dominados y están fuera del poder real: del poder económico y político.
Pretender insistir luego del triunfo de la derecha en las pasadas elecciones en las mismas alianzas y propuestas en continuar con el camino que lleva a más fracasos y mayor frustración. Se impone un análisis y evaluación critico y autocrítico y no sólo un cambio cosmetical.
4.-La derrota del Gobierno de la Unidad Popular y su fracaso en la construcción del socialismo en Chile, fue la derrota también de la llamada vía chilena al socialismo que se construyó y de la estrategia de los partidos artífices y ejes de la izquierda: el PS y el PC. La vía chilena al socialismo, es decir, la transición pacífica al socialismo era inviable y sólo podía serlo en pos de una vía chilena a las reformas y transformaciones profundas que, era coherente con llevar a cabo una revolución democrático burguesa, más que una de carácter socialista. En otras palabras reformas democráticas, reforma agraria y rescate de las riquezas básicas eran viables, más no la toma del poder y la construcción del socialismo en esa etapa. La construcción del socialismo, la conquista del poder llevaba inevitablemente al enfrentamiento armado y la guerra civil, cuestión además que se contraponía a un histórico desarrollo intrasistema e intra estado por parte de la izquierda.
Aún cuando estaba claro que no había condiciones ni correlación de fuerzas para tales objetivos, la burguesía y sus distintas fracciones y sus representaciones políticas, unidas al imperialismo norteamericano impulsaron el golpe sangriento que ya habían decidido desde los primeros días de la UP llevarlo a cabo, como los antecedentes históricos irrefutables lo han comprobado.
5.- La derrota de la Unidad Popular abrió una etapa de contrarrevolución. La burguesía, que por primera vez en su historia estuvo arrinconada como clase dominante, instauró un nuevo modelo de desarrollo capitalista acorde con las nuevas condiciones económicas mundiales.
Efectivamente, si durante la etapa del capitalismo industrial el imperialismo requería el control de las riquezas básicas, la instalación de subsidiarias monopólicas y una alianza férrea con las clases dominantes criollas para ese objetivo, en la etapa del post industrialismo junto al control de las riquezas básicas se precisaba de países consumidores de la masiva producción de productos manufacturados que el desarrollo tecnológico ofrecía y la instalación de empresas subsidiarias para bajar sus costos de producción. Esto, además se dio en un marco de nueva distribución de la producción y de especialización de los países capitalistas más desarrollados. Así, paradojalmente, las luchas obreras en el orbe por mejoras salariales habían obligado generar investigación y desarrollo tecnológico que redundo en una masiva producción a bajos costos. Chile a los ojos del capitalismo mundial debía ubicar su nicho productivo en materias primas con bajo valor agregado y en masivo importador de productos manufacturados.
6.- La izquierda a pesar de la profunda derrota sufrida con el golpe de estado fue capaz de sobrevivir y articular defensivamente una política antidictatorial. Sin embargo a partir de la década del 80 se consolidó por casi 30 años una división profunda en su interior. El fin del siglo XX y el inicio del XXI encontraron a los principales partidos históricos de la izquierda en trincheras opuestas. Un sector, como resultado de una análisis auto crítico decidió sumarse a la conducción del reformismo capitalista y otro postuló la existencia de condiciones para una vez derrocada la dictadura reiniciar el camino de construcción socialista interrumpido por el golpe de estado.
La crisis económica y política de los 80 puso a la dictadura a la defensiva al calor de las protestas populares, pero solo momentáneamente. La conducción de la oposición fue hegemonizada por quienes propugnaban una transición pactada en contra de quienes postulaban el derrocamiento de la dictadura. Hubo transición impuesta por los poderes dictatoriales: se mantuvo y se mantiene la esencia de la Constitución después de veinte años, el modelo económico neoliberal sigue incólume, y como resultado la democracia que tenemos es más limitada que la existente en el siglo pasado.
7.- La nueva fase del capitalismo en Chile se ubicó, como no podía ser de otra forma, subordinadamente, al capitalismo mundial. Al calor de su desarrollo se generó una nueva conformación social, surgieron nuevas fracciones de clases tanto explotadoras como explotadas, cada una con sus nuevos intereses y contradicciones. En el campo de la burguesía el nuevo modelo generó un aumento de la burguesía ligada, ahora, al desarrollo capitalista en el agro y a las importaciones y exportaciones. Un sector de la gran burguesía creció hasta ubicarse en el área de la gran producción minera aun cuando en forma minoritaria, otro sector creció en el sistema financiero y un tercero lo hizo en las ramas del “retail”. En gran parte su crecimiento estuvo sustentado en los años de dictadura, en los bajos salarios y en alianza con el capital extranjero.
Otro sector se apropio y usufructuó de las privatizaciones en dictadura. Finalmente estos mismo sectores o nuevos crecieron en el ámbito de los medios de comunicación y la educación, sobre todo la universitaria. El crecimiento en riquezas, influencias y medios de esta burguesía no tiene parangón en la historia de Chile. De la vieja alianza oligarca y burguesa que era tributaria de los impuestos al salitre, en menor medida del cobre y que crecía apoyada por el Estado queda poco.
De hecho, la vieja oligarquía desapareció como clase con el término del latifundio, aun cuando ideológicamente sigue influyendo en el conservadurismo de la sociedad (incluida la propia izquierda). El extraordinario crecimiento de la economía y en paralelo de las fracciones dominantes sólo fue posible por la existencia de una oprobiosa dictadura y sobre todo por la sobre explotación que este tipo de régimen político permitió.
8.- En el campo de los dominados también se produjeron cambios profundos. Socialmente en las capas medias, pequeño burguesas, hubo por una parte un proceso de proletarización (transformación en asalariados), por otro lado creció un estamento dedicado al comercio tanto como pequeño comerciante independiente como asalariado de las grandes tiendas. La reforma agraria terminó no solo con la oligarquía terrateniente y la llegada de nuevas fracciones burguesas a la agro industria (tanto capitalistas nacionales como extranjeros) sino además terminó definitivamente con
estamentos como los inquilinos, al tiempo que crecieron los asalariados temporales. En el ámbito de la clase obrera también se han producido un importante cambio: como consecuencia de la desaparición de las grandes industrias del área textil y en buena medida de la fabril, sumado al avance tecnológico, disminuyó (sin desaparecer como los sostiene la derecha y una parte de la intelectualidad renovada de izquierda) la clase obrera ligada a la manufactura en forma ostensible. Sin embargo, otros sectores asalariados han crecido progresivamente: los ligados al sector servicios. Los trabajadores de la educación y de la salud, han sido junto a los del comercio los que más han aumentado.
9.- Este proceso, unido al carácter de la transición de un régimen dictatorial a uno democrático restringido y además en un marco de derrumbe del socialismo estilo soviético provocó un profundo fenómeno de des ideologización y despolitización. A esto se ha venido a sumar que la ideología dominante ha rendido sus frutos (por eso el triunfo de la derecha no es casual). La gran burguesía no solo implantó un nuevo modelo económico para su propio beneficio con la apropiación de los Fondos de Pensiones, con un sistema financiero ligado estrechamente al sistema financiero internacional, con una legislación laboral benéfica para ellos, sino que legitimó a través de la Constitución pinochetista el tipo de Estado Subsidiario donde sólo los más pobres y desamparados tienen (teóricamente) el apoyo del estado. El resto deberá, individualmente, enfrentar los desafíos cotidianos.
La gran burguesía además se hizo cargo y ha venido usufructuando sin cortapisa alguna del sistema educacional medio y universitario. Esto es lo que explica las profundas desigualdades de nuestra sociedad, donde el 56% de los asalariados sobrevive con sueldos de menos de 250 mil pesos mensuales y una minoría vive en la opulencia y el derroche sin ningún recato.
10.- El tipo de estado subsidiario que en la práctica ayuda a los más pobres y beneficia con leyes a los más ricos ha generado una inmensa masa de sectores populares, obreros y medios que deben luchar cotidianamente por la salud, la comida, la educación y la vivienda y en contra del fantasma de la cesantía y la inseguridad cotidiana. La burguesía levantó ante sus demandas el crédito fácil, pero bestialmente usurero, la ideología del éxito y del eficientismo. Estas ideas, frustrantes para una parte importante de las nuevas generaciones jóvenes (que según estadísticas no desmentidas) sobrepasa el medio millón cesantes y sin estudio, ha sido el caldo de cultivo real de la drogadicción y la delincuencia. También ha sido la válvula de salida a la corrupción a todo nivel. Desde los sectores que han profitado del aparato de estado, hasta las autoridades que suelen salir en los medios de comunicación formando redes de delincuentes o en forma individual. Este es el Chile del Bicentenario y no el del país desarrollado que cada cierto tiempo la derecha, el centro y los conservadores de izquierda nos quieren convencer que estamos cerca de lograrlo.
11.- El derrumbe del socialismo soviético, el carácter de la transición chilena, la dominación ideológica y concentración del poder económico de la derecha política y social, ha provocado una profunda crisis de la izquierda chilena, fenómeno al que no escapa la izquierda mundial. La dominación capitalista mundial ha puesto la disyuntiva entre liberalismo y conservadurismo. La socialdemocracia, una parte de la izquierda
apuestan al liberalismo (al libre mercado, a la economía social del mercado, a la democracia parlamentaria, a la legislación por el aborto, los matrimonios homosexuales, etc.), la derecha, los conservadores apuestan a un apoyo decidido a las economías de los países más desarrollados, a frenar las medidas de protección al medio ambiente, a promover los valores del cristianismo decimonónico. Como es lógico sus intereses muchas veces son mutuos, se entrecruzan y se potencian. La izquierda carente de proyecto y de utopía las más de las veces – en forma por demás justa- apoya las ideas y propuestas liberales, pero muchas veces también traspasa la barrera y se suma a las propuestas más conservadoras. Es lo que ha ocurrido en Chile.
12.- Avanzamos del capitalismo industrial al post industrial, de la modernidad a la post modernidad, de la vieja economía a la nueva, pero como siempre nuestro país esta retrasado. La modernidad requería una burguesía pujante que pusiera término a la dominación económica y política oligarca, que ampliara la educación, que fortaleciera el estado y que potenciara la democracia. La burguesía no lo hizo, por el contrario, cuando hizo alianzas con la izquierda en la década del 30 del siglo pasado, no tocó los intereses oligarcas y creo un capitalismo dependiente del capital extranjero, aún cuando sí coincidió en el fortalecimiento del estado.
El proletariado y sus partidos cometieron el error (cometimos) de impulsar una revolución socialista sin las condiciones materiales, objetivas ni subjetivas. Estábamos convencidos que sí existían pero la dura realidad demostró que no.
En el Chile de hoy conviven en áreas estancas, verdaderos guetos, la modernidad que se abre paso a duras penas y una post modernidad arrogante que viaja el helicóptero. Una modernidad que trata de trabajar por buenos salarios, estudiar en buenos colegios y que los impuestos sean equitativos, pero que a duras penas algunas veces lo logra y sigue siendo la clase dominada y, una post modernidad que estudia los post grados en el extranjero y que suma currículo para ser (y lo logra) la clase dirigente.
13.- Sin embargo la nueva economía, la post industrial y la post modernidad avanzan. No sin contradicciones ni crisis como lo comprobó la reciente.
¿Hacía dónde se dirige esta nueva correlación de fuerzas mundiales?
Si en el siglo pasado la izquierda mundial, y nosotros, profetizamos el derrumbe del capitalismo, el imperialismo como su fase final, hoy debemos asumir que el mundo transita enfrentando múltiples contradicciones donde el concepto del socialismo tal como lo entendimos en el siglo XX (en buena hora) no existe y el capitalismo está lejos de su crisis terminal.
El socialismo del siglo XXI deberá ubicar su fuerza y su energía no solo en defender los intereses de los explotados (que seguirán existiendo y ampliando su identidad como tal: sino considérese el caso de un ingeniero en informática que trabaja salarialmente en un Banco o un médico especialista que labora en una clínica privada) sino en las alianzas con los sectores que buscan que los beneficios de la modernidad lejos de acrecentar el poder económico, político, militar y comunicacional, democraticen esos logros para beneficio de la mayoría de la humanidad.
14.- Los nuevos desafíos de la post modernidad son nada más y nada menos que la permanencia y las condiciones del género humano.
¿Podrá la clase dirigente mundial resolver los graves y acuciantes problemas del hambre en África y otras latitudes, del cambio climático, del aumento explosivo de la población mundial, del término inevitable de los combustibles fósiles?.
¿Podrá resolver la urgente contradicción entre el aumento explosivo de los bienes que el desarrollo tecnológico provee y las carencias de millones de seres humanos? (ya no la contradicción entre el aumento de los bienes materiales y la apropiación individual de la ganancia, el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, o lo mismo dicho de otra forma). ¿Podrá resolver la contradicción entre la burbuja financiera mundial cinco veces superior a la productiva, el desarrollo de la industria armamentista y los esfuerzos por la paz, del crecimiento explosivo del narcotráfico? ¿Podrá enfrentar la contradicción entre el aumento sideral del desarrollo tecnológico, de la productividad, de la robótica, y la amenaza de la cesantía y el envejecimiento de la población mundial?.
Los esfuerzos de ciertas fracciones de la clase dirigente mundial que inyecta recursos para la investigación en la fusión nuclear que resuelva la crisis energética desatada, que impulsa el Internet y el cambio tecnológico e informático, que investiga en nuevas técnicas médicas contra el cáncer, que impulsa la investigación del genoma humano y que planifica el descubrimiento de nuevos planetas y mundos, se contrapone con los apetitos y la voracidad de las transnacionales privadas, en el control monopólico de los medios de comunicación, de la industria farmacéutica y los intereses de la banca mundial.
15.- Ciertamente la solución de estas contradicciones requieren de una nueva clase dirigente mundial. La vieja clase dirigente es tributaria de las correlaciones de fuerzas formadas al calor de la guerra fría y de su posterior triunfo. ¿Por qué la reciente crisis (¿final?) de Haití no es enfrentada de raíz?. ¿Por qué los responsables directos de haber mantenido la esclavitud del país (Francia), de haber invadido y esquilmado a esa nación entre 1915 y 1933 (EEUU) no asumen su responsabilidad?.
Lo mismo a nivel nacional: por qué la clase dirigente no asume su responsabilidad histórica con la apropiación de más de un millón de hectáreas de tierras mapuches.
En este conflicto mundial y nacional ciertamente las fuerzas de izquierda deben aliarse y apoyar muchas de las opciones liberales. Pero el neoliberalismo que busca fortalecer la actual clase dirigente, que pugna por aumentar las tasas de ganancias, por disminuir o congelar los salarios, por aumentar las tasas de interés y que esquilma a las mayorías con las usuras de las tarjetas de crédito o que se apropia de la plusvalía de los fondos de pensiones o que continua profitando del las riquezas minerales de nuestro país debe ser considerado el enemigo principal de la modernidad, el desarrollo y las políticas igualitarias. Eso debe entenderlo la izquierda concertacionista y no insistir en apoyar proyectos neoliberales.
16.- La nueva vía chilena al socialismo del siglo XXI no será por la conquista del poder total, será un sistema político eminentemente democrático, con amplia libertad de prensa y de formación de organizaciones sociales y políticas, con un Estado al servicio de las mayorías, con FFAA profesionales y con un vasto sistema de defensa ciudadana, con absoluta transparencia en los aspectos económicos y políticos de estado. Ese socialismo del siglo XXI solo podrá tener carácter mundial. La forma de llegar a ello no
la podemos prever, pero sin lugar a dudas la democratización de las formas económicas y políticas que proveerán mayor poder real a las mayorías organizadas serán un componente vital en la transformación radical de la sociedad. Será el fin de las élites y de las oligarquías políticas, científicas y económicas. Será el fin de la explotación por el aumento sideral de la producción y la explosión de la robótica, será el control de los flagelo de las enfermedades.
17.- En ese camino nuestra aspiración no es hacer de Chile un país desarrollado a la usanza del capitalismo actual. Más que un aumento del Ingreso per capita falso, queremos un país más igualitario, con educación acorde con un nuevo proyecto de sociedad donde las bases sean: un Estado responsable con todos, una economía con salarios dignos y empleos justos, un país dueño de sus riquezas, una sociedad responsable con las nuevas generaciones, con los jóvenes y benefactora de los viejos que la forjaron.
18.- Para estos nuevos desafíos, nuevos dirigentes y nuevos partidos. El proceso de cambio cosmetical, sobre todo el que pre anuncia el PS y el conjunto de la Concertación tendrá un espacio restringido (solo hay que ver los personajes que se mueven en las sombras y los discursos de las “caras nuevas”). Tarde o temprano periclitarán las viejas y añosas formas de hacer política, de construir referentes. Allende no puso fecha a la apertura de las grandes alamedas, pero está claro que esas es una tarea que aún no ha comenzado. La transición de la Concertación terminó con Aylwin. La derecha hoy ofrece una supuesta nueva transición con el viejo esquema del consenso. El desafió de ellas es hacer avanzar el capitalismo en Chile por la senda del neoliberalismo ya fracasado, por eso pide ocho años más para que Chile alcance el desarrollo capitalista. Tarea imposible. Sólo veremos mayor concentración económica, más riquezas para los que tienen más, igual o menor asistencialismo que la Concertación y sí más monopolios en la educación, en los medios de comunicación y la Banca.
19.- El desafío de las izquierdas en Chile es abrir un debate que tenga como ejes articuladores una propuesta democrático popular, distante y antagónica con el neoliberalismo actual, que a partir de ahí forje las alianzas amplias para conducir a un país más igualitario, con un sistema político que se exprese en una nueva Constitución, formando parte de un nuevo referente latinoamericano. En el camino de este debate nuestro esfuerzo es levantar las propuestas democráticas en el seno de las organizaciones sociales. Experimentar ahí las nuevas formas de hacer política, extraer de ahí las nuevas generaciones de dirigentes. Es claro que en ese camino surgirán múltiples experiencias organizativas, sociales y políticas, en ese andar se hará camino a un futuro más humano, menos egoísta, más solidario y más profundamente democrático.
Eduardo Gutiérrez González
Febrero de 2010.
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