miércoles, 26 de agosto de 2009

Resucitados Presidenciales: Eduardo ¡Levántate y Anda


Tanto en religión como en política la muerta no es definitiva, puesto que siempre existe la resurrección. Los evangelios nos relatan el caso de Lázaro - hermano de Marta y María – que volvió a la vida con la sola palabra de Jesús: “…levántate y anda”. Nada sabemos cómo aprovechó esta segunda oportunidad el bueno de Lázaro.


En política podemos afirmar, con seguridad, que las resurrecciones presidenciales han servido de poco para corregir errores cometidos en el período anterior, pero como dice El Quijote “nunca segundas partes han sido buenas”.


Errázuriz, dos Federicos; los Alessandri, Arturo y Jorge; losa Frei, dos Eduardos. En esta lista familiar omito a los parientes –como es el caso de Germán Riesco, cuñado de Federico Errázuriz-; quizás, la única excepción a estas dinastías familiares sea Michelle Bachelet, una mujer que surgió como un relámpago en este país de castas familiares.

El primer resucitado que incluiré en este relato fue don Arturo Alessandri que, según mi abuelo Rafael Luís Gumucio, consideraba al país como su propio fundo. Su primera presidencia fue bastante accidentada: la oligarquía, en el senado, que el llamaba “la canalla dorada”, le planteó una guerra a muerte, que terminó con  el famoso “ruido de sables”, en septiembre de 1924 y lo envió al exilio en Italia –tierra de sus antepasados- posteriormente fue repuesto por un golpe militar, dirigido por Ibáñez y Grove y, finalmente, nuevamente sacado de La Moneda por el Carlos Ibáñez. El León de Tarapacá, drogado por el amor al poder, volvió a intentar reconquistarlo como candidato contra Juan Esteban Montero, en 1931, siendo derrotado; en 1932 logró triunfar, reiniciando una segunda vida en la Casa donde tanto se sufre; esta vez gobernó con sus enemigos de antaño –liberales y conservadores- aplicando una política represiva contra la izquierda y un manejo económico de derecha especulativa, llevada a cabo por su ministro Gustavo Ross. Su segunda vida terminó muy mal, pues fue responsabilizado de la “matanza del Seguro Obrero”, acto que dio lugar a una acusación constitucional, rechazada por la derecha. Como la candidatura presidencial es una adicción, don Arturo intentó repetir la hazaña en 1946, pero los liberales eligieron a su hijo Fernando. El León decía a sus camaradas “acaso este niño no tiene padre”.

El segundo Resucitado fue Carlos Ibáñez del Campo. Durante su primera presidencia quiso construir un Chile nuevo, aplicando el “termocauterio por arriba y por abajo”, es decir, desterrar a los oligarcas y apresar y relegar a los comunistas. La crisis de 1931 y la rebelión de los estudiantes universitarios terminó por obligarlo a renunciar y exiliarse en Buenos Aires; a diferencia de Pinochet, don Carlos no era un ladrón y vivió muy pobre el exilio en Argentina. En 1938 volvió a presentarse como candidato presidencial, pero se retiró a raíz de “la matanza del Seguro Obrero”, apoyando a don Pedro Aguirre Cerda. En 1942 fue candidato presidencial de liberales y conservados –sus antiguos enemigos- y sólo en 1952 fue elegido como “el general de la esperanza”, con el 46.8% (446.439 mil votos). Llevó a cabo un gobierno deslucido y con muy poco apoyo político. Don Carlos, a sus ochenta años ya chocheaba y sus partidarios tenían que interpretar sus silencios, atribuyéndolos a una gran macuquería e inteligencia. Quizás lo único que dejó fue la derogación de la Ley Maldita y la Ley Electoral, que instauró la cédula única, eliminando así el cohecho.

El tercero es  candidato a  la nueva vida . Eduardo Frei Ruiz-Tagle, un ingeniero hidráulico y ex empresario, ha hecho una meteórica carrera política a la sombra de la memoria de su ilustre padre: senador por Santiago, con la primera mayoría, presidente del partido, presidente de la república –con más de 4.000.000 de sufragios- posteriormente, senador sin competidores, en la Décima Región, presidente del senado y,  ex presidente de la Comisión de Hacienda. En su primer período presidencial hablaba con monosílabos y un acento un poco “aguazado”, el cual no faltaban los seseos; al igual que don Arturo Alessandri, tenía un grupo de amigos que los periodistas llamaban siúticamente “la troika”: el cientista político Genero Arriagada, su íntimo amigo Edmundo Pérez Yoma – actual ministro del Interior- y Carlos Figueroa.
    
Las cifras macroeconómicas marchaban bien, en manos de Eduardo Aninat, actualmente presidente de la asociación de Isapres; su gobierno se llamaba moderno y empresarial y no importó mucho el tema de los derechos humanos, pues nunca recibió en su despacho a los familiares de detenidos desaparecidos. Como a Carlos Ibáñez, había que interpretar sus monosílabos –baste preguntar a Germán Correa, a Víctor Manuel Rebolledo, a Sergio Molina, entre otros, que fueron defenestrados después de un lindo “paseo en bandeja”, en la parado militar de un 19 de septiembre.

Eduardo Frei terminó muy mal su período. Después de que el ministro Aninat afirmara que la crisis asiática no tocaría a Chile, terminó provocándole una catástrofe económica – el crecimiento fue de -1 y las tasas de interés terminaron de aniquilar a las Pymes y a otros deudores bancarios-. En el plano de derechos humanos, Eduardo Frei Salvó al hijo de Pinochet, invocando la famosa “razón de Estado”, que es propia de las monarquías absolutas; presionó a los diputados de su partido para que votaran en contra de la acusación constitucional en contra del comandante en jefe del ejército, Augusto Pinochet y, por último, lo salvó de una segura condena de los tribunales españoles.

Los chilenos, a veces, cuentan con una gran capacidad de olvido: después de una cirugía, practicada en una clínica de Santiago,  Eduardo Frei reaparece como un hombre muy distinto al que gobernó Chile durante seis años, pues ahora sus monosílabos han sido reemplazados por largos, inteligentes y elocuentes discursos, incluso, apela al sentido común cuando plantea, por ejemplo, nacionalizar el Transantiago, en vez de regar el dinero del Estado a los grandes bancos y empresas de transporte; dicen las malas lenguas que tiene un plan completo para hacer revivir la alicaída economía chilena. Como ingeniero hidráulico, acaba de plantear una fórmula para enfrentar la crisis energética, privilegiando la hidroelectricidad en Aysén y las plantas nucleares en el norte del país; a don Eduardo poco le preocupan las objeciones de los ambientalistas.

Eduardo esáa seguro de  ganar la segunda vuelta aunque sea por muy poca diferencia. En su segunda vida se presenta tan  Rogelio como Jorge Arrate solo le falta cantar la internacional su  vestimenta es deportiva  se chasconea  las pocas mechas que le quedan y abraza a los jovencitos de techo para Chile  Nada lo detiene en la lucha por resucitar.

Rafael Luís Gumucio Rivas                    
21/08/09

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