de respetabilidad
Introducción
Cuando George Soros, uno de los más grandes y rapaces especuladores del mundo, publicó un libro cuestionando algunos de los aspectos más destructivos del capital especulativo, los intelectuales de izquierda se apresuraron a reproducir sus citas como evidencia de que, efectivamente, "el capital global" era una amenaza para la humanidad. La parte curiosa de este escenario es que Soros ganó publicidad gratis, aumentó sus regalías, y adquirió estatura política e intelectual, mientras seguía beneficiándose de las ganancias de sus fondos de especulación. Este no fue un caso aislado: más temprano que tarde, los intelectuales de izquierda buscan fuentes "respetables" para apoyar sus argumentos, citándolas como "impecables" o "sin afinidades de izquierda", como si la investigación y la escuela de izquierda fueran menos confiables o menos convincentes. La búsqueda de la izquierda por una respetabilidad burguesa tiene profundas implicaciones en la discusión del problema de la hegemonía burguesa sobre las clases populares y el crecimiento de una cultura alternativa en lo político y lo intelectual.
Uno de los aspectos más impresionantes de la política contemporánea es la brecha entre las condiciones, objetivamente a la baja, de la clase trabajadora y rural, y las respuestas subjetivas, que son difusas, fragmentadas y frecuentemente están bajo la tutela de partidos neoliberales. Este contraste es muy claro en el Tercer Mundo, pero también está presente en los países capitalistas avanzados.
Mientras que las inequidades entre clases sociales, razas, género y regiones se han incrementado, y los servicios para la clase trabajadora han sido tasajeados para lograr impuestos más bajos y subsidios más altos para los ricos, la respuesta subjetiva ha cambiado: las huelgas y protestas tienden a ser vistas como reacciones defensivas; los movimientos agrarios no tienen aliados urbanos y la mayoría de los intelectuales están disociados de las luchas populares o han aceptado premisas de la ideología neoliberal, como que la globalización es inevitable e irreversible. En una palabra, la "hegemonía burguesa" juega un rol vital para asegurar la estabilidad de un sistema social altamente desigual y explotador.
La hegemonía burguesa es un producto de numerosos factores, incluyendo los medios de comunicación y las instituciones culturales del Estado. Sin embargo, es también el resultado del pensamiento y los métodos de trabajo de los intelectuales de izquierda, que buscan legitimar su producción intelectual en el mundo burgués.
Hoy, muchos intelectuales de izquierda toman prestados, y han asimilado para su análisis del mundo contemporáneo, los conceptos claves y el lenguaje de teóricos burgueses y publicistas. Estos incluyen términos como "globalización", "capital desestatizado", "la revolución de la información", el "ajuste estructural", la "flexibilidad laboral", entre otros. Estos conceptos son parte integral del sistema imperial y la ideología neoliberal -y se entienden en el contexto de un sistema de poder que busca disfrazar y legitimar su dominio. Aún más, los intelectuales de izquierda evitan usar conceptos más precisos que son mucho más útiles para identificar las configuraciones contemporáneas del poder, como imperialismo en lugar de globalización; Estado imperial en lugar de corporaciones desestatizadas; ascendencia del poder financiero en lugar de la "revolución de la información"; explotación intensiva/extensiva en lugar de flexibilidad laboral; reversión económica en lugar de reforma económica; reconcentración y monopolización de la riqueza en lugar de ajuste estructural. El tema de la mímica intelectual, en la que un lenguaje y conceptos amorfos y decepcionantes son adoptados por los intelectuales de izquierda contemporáneos, en lugar de un lenguaje más preciso y vigoroso nos lleva a una pregunta: ¿por qué la izquierda cae víctima, o mejor aún, sigue los pasos de la burguesía al trabajar para la construcción del paradigma de la "globalización"?
El gran problema
El hecho de que los intelectuales de izquierda muevan el rabo a la burguesía en cuestiones del paradigma de la "globalización" es parte de un problema mayor, fuertemente anclado en la subordinación a la cultura burguesa; es decir, en el hecho de mirar hacia la cultura dominante como fuente de veracidad, objetividad, prestigio y reconocimiento.
La subordinación de los intelectuales de izquierda a la cultura burguesa coexiste con el desarrollo de una crítica parcial a las instituciones y cultura de los burgueses Los intelectuales de izquierda que trabajan con el concepto del paradigma burgués de la globalización están en búsqueda de respetabilidad y reconocimiento que no podrían obtener si trabajaran con el concepto del paradigma imperialista.
La búsqueda de los intelectuales de izquierda por el prestigio, el reconocimiento, las afiliaciones institucionales y la certificación de la burguesía, implica aceptar, de facto, los valores que se asocian con este grupo. Esta aceptación de valores y prácticas juega un papel importante en la perpetuación de la hegemonía burguesa, a pesar de la retórica de protesta y contra hegemonía de los intelectuales. El hecho es que estudiantes, trabajadores y en general las clases populares que siguen lo que los intelectuales de izquierda dicen y hacen, y la identificación institucional y simbólica de los reconocimientos que persiguen en sus carreras y su vida diaria, habla elocuentemente de qué es lo que realmente valoran.
Un aspecto importante dentro del avance y reconocimiento de la carrera, así como en el aseguramiento de una posición en una institución burguesa prestigiosa, tiene que ver con jugar las reglas del juego en el trabajo intelectual. Siguiendo las reglas de este juego, la izquierda intelectual legitima el llamado burgués a la legitimación y refuerza su posición hegemónica
Legitimando la hegemonía burguesa
Una de las principales reglas seguidas por los intelectuales de izquierda es citar fuentes burguesas, incluso cuando hay fuentes de izquierda que pueden dar una perspectiva crítica. El pseudo argumento que muchos intelectuales de izquierda enarbolan es que, al citar fuentes burguesas sobre fuentes de izquierda, serán más convincentes con el "público en general" o el mundo académico. Los intelectuales de izquierda logran varias cosas procediendo de este modo. En primer lugar, refuerzan la autoridad de los autores burgueses, poniéndolos como una fuente de verdad objetiva. Segundo, refuerzan y perpetúan la invisibilidad de los investigadores de izquierda y de su trabajo, pues no logran reconocer su contribución. Tercera, adquieren respetabilidad y aceptabilidad, al compartir con sus colegas burgueses una literatura común y un entendimiento común de "lo que es importante haber leído". Cuarto, el citar críticas de notorios procapitalistas contra el capitalismo les permite rediseñar su imagen y les da una futura plataforma para denunciar a la izquierda.
La respuesta de los intelectuales de izquierda al libro de George Soros es un ejemplo perfecto. Soros tiene una bien ganada reputación como un especulador que ha ganado millones de pesos mediante el pillaje de economías y la ruina de países enteros antes, durante y después de la publicación de su libro. Jugó, y continúa jugando, un papel de primera línea en el sabotaje de instituciones culturales y en la cooptación de intelectuales, particularmente en países ex comunistas que han implantado el libre mercado y han quedado devastados por ello. A pesar de estos antecedentes, los intelectuales de izquierda se encontraron citando sus críticas a las actividades especulativas y a los excesos capitalistas, como si él fuera una autoridad especial sobre los estragos del capitalismo. En su desesperada búsqueda de reivindicación, los intelectuales de izquierda citaron a Soros para apoyar sus críticas al neoliberalismo, obviando el hecho de que incluso mientras el libro salía a las librerías, Soros hacía millones mutilando las economías asiáticas. El aislamiento de los movimientos de masas de los intelectuales de izquierda, y su postración frente al poder burgués es lo que los lleva a buscar personalidades de derecha para justificar sus argumentos frente a audiencias burguesas.
La relación de los intelectuales de izquierda con el Banco Mundial es otro ejemplo que ilustra esta búsqueda de respetabilidad. El Banco Mundial publica anualmente un apéndice estadístico que incluye datos sobre la pobreza en el mundo. Es frecuente que los intelectuales de izquierda citen estos datos para defender sus argumentos, sin examinar críticamente cómo se mide la pobreza y en que forma es subestimada. Los intelectuales de izquierda consideran al Banco Mundial una autoridad intachable en el tema de pobreza, precisamente porque es una institución con credenciales derechistas y neoliberales. El hecho es que los datos del Banco Mundial no son confiables y sus formas de medición de pobreza son totalmente inadecuadas. Su "límite de pobreza" es un dólar al día, lo cual no permite vivir en ningún país del mundo. Si los investigadores de izquierda hicieran un índice adecuado, doblarían o triplicarían el número de pobres en el mundo. Sin embargo, al citar al Banco Mundial, los intelectuales de izquierda apelan a sus colegas "conservadores", demostrando que comparten las mismas fuentes. Al citar la autoridad del Banco Mundial, refuerzan su imagen como una "fuente confiable de información". Las medidas del Banco Mundial en el Tercer Mundo llegan al absurdo de que los porcentajes de población viviendo en la pobreza en el sudeste de Asia están casi al mismo nivel que en los Estados Unidos y Canadá. En lugar de reconocer que la ideología neoliberal del Banco Mundial moldea los indicadores y medidores de pobreza, los muy listos intelectuales de izquierda piensan que pueden separar uno de otro y salvarse a sí mismos de la ardua tarea de construir sus propios medidores de pobreza y de hacer su propio trabajo de campo, o peor aún, de citar los datos y estadísticas que otros investigadores y militantes de izquierda han recopilado.
La Comisión Económica para América Latina (ECLA, por sus siglas en inglés*) es otra fuente de datos y punto de referencia para los intelectuales de izquierda. Una vez más, presentan a la ECLA como una fuente intachable, sin ningún tinte izquierdoso, -como si ser de izquierda fuera algo que contamina la información. Por ejemplo, los intelectuales de izquierda usan frecuentemente los datos de ECLA sobre privatización de empresas públicas (que es de hecho una parte clave de la agenda política de ECLA). Pero una mirada cuidadosa a los documentos de la ECLA revela que rara vez discuten la corrupción y las concertaciones que siempre existen dentro de las privatizaciones. ECLA siempre describe las transacciones como un proceso puramente económico, y asegura que no se involucra en los aspectos políticos no cómo los políticos organizan las privatizaciones, ni mucho menos en las consecuencias negativas que puedan tener en el corto o largo plazo. En términos generales, la ECLA dice que las transacciones de Estado deben ser transparentes, pero no enfrenta el hecho de que las privatizaciones no lo son. La pregunta es ¿porqué la ECLA continúa promoviendo recetas de privatización, cuando saben de primera mano que el proceso es corrupto y que involucra la renuncia a de recursos necesarios a precios irrisorios? Conociendo la desviación de la ECLA, ¿porqué los intelectuales de izquierda siguen citándola cuando prominentes escritores y periodistas de izquierda han publicado discusiones más completas y críticas? Al darle juego a Soros, al Banco Mundial y a ECLA, usando su información, validando sus fuentes y tomando prestado su lenguaje, los intelectuales de izquierda prolongan la hegemonía burguesa.
Personalidades burguesas prominentes
En su constante búsqueda de respetabilidad, los intelectuales de izquierda no sólo miran hacia las instituciones burguesas para repetir sus argumentos, sino que también buscan personalidades burguesas prominentes, con nombre y prestigio dentro de los círculos burgueses, para promover causas populares. Frecuentemente, al organizar un evento público, los intelectuales de izquierda ignorarán a los escritores más consecuentes, los activistas o líderes de izquierda, para favorecer a algún "progresista" actor, abogado, juez o escritor, que no tiene práctica o lucha en su expediente, pero que ofrece algunas obviedades que no educan a nadie y no resuenan entre la gente de acción.
Al promover a individuos con "status de celebridad" en los medios como una forma de atraer publicidad y público curioso, los intelectuales de izquierda sacrifican el contenido de sus reuniones. El costo político puede ser significativo: las reuniones políticas se convierten en un espectáculo, un entretenimiento que no más bien despolitiza en lugar de educar a la gente en la causa social y sus consecuencias. Más aún, los intelectuales de izquierda frecuentemente tienen que ser quienes terminan dando explicaciones sobre los "lapsus" de los burgueses prestigiosos -celebridades que frecuentemente confunden la violencia popular por la defensa de la tierra y forma de vida con la violencia predadora de los poderes imperiales.
"Por supuesto", dirán apologéticamente los intelectuales de izquierda, "él o ella no es uno de los nuestros, pero vean cuánta gente vino, miren cuantos centímetros nos dieron en la prensa burguesa, cuántos segundos en la televisión". En nombre de la "mayor unidad", la izquierda crea una plataforma para discursos de celebridades burguesas que frecuentemente deriva de críticas del sistema a la de una política, de una política a otra, y de otra a la crítica de una personalidad equis, ofuscando el sentido de la reunión. Aún peor, las celebridades burguesas presumidas como progresistas por intelectuales de izquierda en un evento público, pueden al día siguiente celebrar con altos dignatarios de un régimen regresivo... lo que desacredita a la izquierda y siembra confusión entre la gente sobre la naturaleza de las políticas de izquierda y cuáles son sus líderes y voceros.
Debido a que los intelectuales de izquierda están obsesionados con la aprobación de los medios y la respetabilidad burguesa, prefieren buscar a burgueses notables que tengan un oído sensible aunque esto sirva a sus intereses, en lugar de construir el apoyo mediante organizaciones enraizadas.
La búsqueda de símbolos de prestigio burgués
Los intelectuales de izquierda mueren por el reconocimiento de sus colegas burgueses y despreciarán la acción pública, denunciarán a colegas y adoptarán posturas serviles para complacer a sus jueces superiores y conservadores, en la esperanza de asegurar un símbolo de prestigio burgués. Estos símbolos son un boleto hacia la promoción y la legitimación a los ojos de los intelectuales de izquierda con movilidad ascendente. Los intelectuales consecuentes con compromisos hacia luchas populares no reciben ningún reconocimiento de prestigio. Para los intelectuales de izquierda, ganar un Premio Nobel, una beca Guggenheim o de la Fundación Ford es visto como la culminación de una carrera exitosa. Certifica ante el poder académico de elite, que el intelectual de izquierda puede ser honrado por abstenerse de cualquier lucha antiimperalista o anticapitalista. Es comprensible que Jean Paul Sartre rechazara el Premio Nobel. El empeño por conseguir premios y reconocimientos burgueses presupone ciertos compromisos, y eso está sobreentendido tanto por las fundaciones euroamericanas que los dan, como por los intelectuales que se los piden.
Pero los intelectuales de izquierda, cuando acuden a actos políticos, citan estos mismos títulos y premios al presentar al "prestigioso" orador. La izquierda hace reverencias ante los premios burgueses como evidencia de su propia integridad y conocimiento. Al dar un lugar prominente a estos títulos, convencen a la audiencia de que efectivamente la izquierda ha llegado a tener un cierto nivel intelectual. De hecho, lo que la izquierda hace es legitimar los estándares y procesos de selección burgueses que determinan el acceso a las recompensas. En pocas palabras, al cortejar los premios burgueses , la izquierda refuerza la hegemonía burguesa
El anhelo de respetabilidad burguesa también se encuentra en el lugar que se le da a las identidades institucionales: los intelectuales de izquierda presumen de ser graduados de Harvard, Yale, Princeton, Oxford, Cambridge, la Sorbona, como si estos no fueran centros en donde se adoctrina a los estudiantes con doctrinas neoliberales y proimperalistas, donde uno aprende a decir algo significativamente crítico sobre el Imperio a pesar de los profesores y los seminarios. Y aún así, la identidad institucional es subrayada por los intelectuales de izquierda al presentar a un orador o un escritor.
Esto es verdad también cuando se habla de funcionarios gubernamentales retirados a quienes los intelectuales de izquierda les dan importancia. Uno no puede objetar que los antiguos funcionarios de un gobierno pueden cambiar su forma de pensar y convertirse en críticos del estado, pero el punto de convergencia con la izquierda debería ser el hecho de que son ex funcionarios y no los dueños de antiguas posiciones de "prestigio" en un régimen burgués.
Como hace mucho tiempo señaló Karl Marx, la hegemonía burguesa se renueva constantemente, mediante el reclutamiento de individuos talentosos que provienen de clases populares. Esto se hace frecuentemente dando becas a estudiantes pobres pero brillantes, que van a universidades "de prestigio" donde son "reeducados" y entrenados para servir a las clases dominantes. La izquierda debe leer y escuchar lo que dicen los intelectuales a pesar de sus prestigiosas credenciales institucionales, no debido a ellas.
Adicionalmente a los premios y las identidades institucionales, los intelectuales de izquierda están en búsqueda perpetua de patrocinadores burgueses para sus eventos: personalidades, instituciones, funcionarios. La idea es que entre más burgués es un patrocinador, mayor serán la respetabilidad, legitimidad y audiencia. De hecho, esto lleva a una mayor visibilidad y legitimidad de las instituciones burguesas del poder, mientras que las instituciones más marginales o radicalizadas se hacen invisibles.
Como aseguran su carrera los intelectuales de izquierda
Ser una persona de izquierda activa y crítica tiene un costo político que no es menor cuando se persigue una carrera académica. Aún así, muchos intelectuales han seguido senderos que los han llevado a una carrera exitosa dentro de instituciones burguesas, y han logrado retener una pequeña parcela de credenciales de izquierda.
Podemos identificar al menos cuatro estrategias de carrera para los respetables y móviles intelectuales de izquierda.
La primera estrategia puede describirse como el enfoque de "congelamiento", en donde los intelectuales de izquierda mantienen un perfil bajo durante años, haciendo investigación más o menos convencional, mientras aseguran una posición dentro de la institución y consolidan su carrera, mientras esperan el día de "volverse" radicales. El problema es, por supuesto, que la mayoría de los "criptoizquierdistas" es que en el tiempo de adaptación a las exigencias de sus carreras exitosas, eventualmente terminan creyendo lo que están haciendo y nunca se "vuelven": se convierten en lo que hacen. Para la minoría que se "convierte" el pastel queda entero: tienen una identidad prestigiosa en el mundo burgués y el aplauso de la izquierda, particularmente porque le añaden a su retórica radical el mérito, según la izquierda, de un título prestigioso.
La segunda estrategia para asegurar una carrera dentro de una universidad de prestigio es combinar la investigación convencional y pregonar, entre los tiempos de trabajo y las pláticas de pasillo, charla radical. Ser de izquierda como si fuera un "apostolado" es particularmente atractivo para los guardianes burgueses de la academia, porque esto no afecta la investigación científica y no cuestiona el rol del sistema educativo para reproducir líderes de elite o entrenar trabajadores conformistas. Esta izquierda puede describirse como la "izquierda de coctel" -que en escenarios privados puede ventilar sus inconsecuentes puntos de visa mientras trabaja para escalar la escalera académica.
La tercera estrategia para el éxito de la izquierda dentro de la academia yace en el tiempo y esfuerzo desproporcionados que se dedica al trabajo académico convencional, en comparación con los escasos esfuerzos que se dedican a movimientos populares. En esta estrategia, el intelectual de izquierda dedica meses y años para preparar documentos y publicaciones para consumo académico, mientras que improvisa conferencias con material anecdótico para sus audiencias radicales/populares, reciclándose frecuentemente o repitiendo la misma plática del año anterior. En algunos casos, los intelectuales de izquierda, a pesar de contar con fondos sustanciosos para su trabajo, simplemente dan reminiscencias de un pasado radical; la nostalgia se convierte en el substituto de un análisis serio. Estas reminiscencias no requieren ningún análisis que pueda llevar a compararlas con luchas actuales, son pura improvisación y anécdotas de la clase más superficial e impresionista.
Finalmente, están los académicos de izquierda que investigan y dirigen becas como académicos "desinteresados", lejos de las luchas, movimientos y compromisos políticos. Escriben sobre la clase trabajadora sin ninguna perspectiva política. Es probable que den información útil si alguien más puede elaborar un cuadro político e intelectual que sirva para unir esa información a eventos políticos contemporáneos. Esta estrategia de éxito académico tiene algo de mérito y utilidad si es que hay otros intelectuales o activistas que han realizado el riesgoso trabajo político de construir un movimiento; de otra forma, sólo sirve para extender el currículum vitae. Este tipo específico de académico de izquierda es particularmente abundante en Estados Unidos, donde hay conferencias anuales que imitan las reuniones profesionales, en las que los académicos hablan sólo entre ellos o, en otras palabras, se divorcian de los movimientos populares. Este divorcio ha garantizado que muchos izquierdistas aseguren sillas altas y bien remuneradas en universidades de prestigio.
Las consecuencias de estas prácticas de los intelectuales de izquierda han sido, primero, el reforzamiento del prestigio y la legitimidad de las instituciones, ideas y personalidades burguesas, mientras que los análisis y las posiciones de activistas de izquierda se hacen invisibles, perpetuando una especie de complejo de inferioridad y marginalidad de la izquierda.
Segundo, debido a que los académicos de izquierda sirven como modelos para la generación de futuros académicos, su comportamiento propicia el arribismo. La práctica de este arribismo perpetua el mito, sobre todo en el Tercer Mundo, de que el "verdadero conocimiento" está en el extranjero, en las escuelas con prestigio de marca y que los intelectuales locales nacionales son de calidad inferior y, ciertamente, no son modelos a seguir.
Tercero, por razones de su propia agenda y condición, los intelectuales de izquierda de instituciones de prestigio, ignoran y reafirman las distorsiones ideológicas, las mistificaciones y los marcos teóricos y conceptuales erróneos que se enseñan en los centros prestigiosos de educación superior. La desviación ideológica que es empacada en estas instituciones es obviada por intelectuales de izquierda que rara vez cambian el trabajo de sus colegas, mucho menos el curriculum, pues saben que serían castigados. En todo caso, si alguna vez verbalizan algún tipo de inconformidad, es su presencia en las instituciones y su proceso de acceso lo que alimenta las ambiciones de nuevas generaciones.
Lo más asombroso sobre los intelectuales de izquierda en universidades de prestigio y los que buscan entrar a ellas, es cómo suspenden sus críticas a los patrocinadores, fundaciones y personalidades burguesas que financian las grandes agendas de investigación para perpetuar y extender el poder imperial. Al suspender sus críticas, los intelectuales de izquierda aumentan sus posibilidades de aparecer en diarios de prestigio, conferencias internacionales y posiciones lucrativas dentro de la academia. Aseguran reconocimiento académico y su promoción a puestos honorarios que requieren hacer buenas relaciones con los guardianes de la academia burguesa. Los intelectuales de izquierda tienden a ser muy colegiados, incluso con sus colegas que apoyan las guerras imperialistas y diseñan programas neoliberales que están devastando el Tercer Mundo.
Intelectuales contemporáneos
Hay una gran variedad de "estilos de vida" para ser un intelectual de izquierda hoy en día, frente al poder y la riqueza del Imperio Euroamericano.
-Intelectuales en alquiler
Este es el tipo de intelectual que hoy vaga por el espectro político ofreciendo sus servicios a una variedad de patrones. Un reconocido intelectual francés denunció las huelgas de empleados en 1995, fue al encuentro internacional zapatista en el verano de 1996 y después voló para encontrarse y halagar al presidente derechista de Uruguay. Estos intelectuales son para todos lugares y precios. Su postura pública tiene sus motivaciones con la necesidad de reconocimiento y publicidad de cualquier bando, pero también con firmes principios intelectuales: no están "vendidos" a la derecha, están rentados e incluso están disponibles para la izquierda en ciertas ocasiones.
-Intelectuales de casa
Son aquellos cuyo universo son otros intelectuales o incluso su "reflexión interna". Estos intercambios incestuosos son particularmente abundantes entre los posmodernistas que discuten cuántas identidades podrán soportar. Tienen su propio lenguaje exótico, que solo comprenden los iniciados, y su trabajo se concentra en gran parte en descifrar textos y lenguaje divorciados del mundo objetivo.
-Intelectuales en angustia perpetua
Ha e intelectuales que están en angustia perpetua, que planean sobre los problemas socioeconómicos ("neoliberalismo" y "globalización") y nunca pasan del lugar común "debemos encontrar una alternativa". Ignoran las luchas diarias que buscan crear alternativas; le temen al problema (imperialismo) y le temen a la solución (transformación).
-Los pesimistas
Otra pose intelectual común es la del izquierdista que se baña en derrotas históricas y encuentra en ellas un pretexto en la medida en que hacen incierto un nuevo y pragmático acomodo con el status quo. Al dramatizar las pérdidas políticas, como batallas profundas e irreversibles, evitan reconocer las nuevas luchas revolucionarias que emergen en el Tercer Mundo, los movimientos sociales que se oponen a la OMC en el Este, a los movimientos de granjeros militantes y trabajadores del transporte, el rechazo masivo de consumidores y productores hacia los patrocinadores corporativos de las comidas y semillas genéticamente alteradas, etcétera. El pathos pesimista se convierte ya sea en una coartada para la inacción y el desentendimiento , o en un billete de ida hacia las políticas liberales, que son percibidas como lo único que hay disponible.
-Intelectuales irreverentes
En agudo contraste con las posturas antes mencionadas, existe el intelectual irreverente hacia los protocolos académicos, que no se impresiona con los títulos y premios, y que incluso, son respetuosos ante los militantes que están en las líneas de combate anticapitalistas o antiimperialista. Son constantes y productivos en su trabajo intelectual, que está motivado en gran medida por las grandes cuestiones que enfrentan las luchas sociales. Son irónicos y antihéroes, cuyo trabajo es respetado por la gente que trabaja para la transformación social básica. Son objetivamente partidarios y partidariamente objetivos. Los intelectuales irreverentes escuchan y discuten con los pesimistas y otros intelectuales, a pesar de sus títulos y pretensiones, para ver si dicen algo que valga la pena.
Para el intelectual irreverente y comprometido, el prestigio y el reconocimiento derivan de los activistas y los movimientos intelectuales que están involucrados con luchas populares. Trabajan con estos intelectuales y activistas. Conducen investigación que busca fuentes originales de información; crean sus propios indicadores y conceptos, por ejemplo, para identificar la verdadera profundidad de la pobreza, la explotación y la exclusión.
Reconocen que los premios y condecoraciones son parte de un sistema que sostiene la hegemonía burguesa y que hay unos cuantos intelectuales en universidades de prestigio que están claramente comprometidos con luchas populares. Estas excepciones, dicen, deben ser notadas, aunque reconociendo que muchos sucumben al espejismo de la certificación burguesa durante el ascenso por la escalera. Los intelectuales irreverentes admiran a Jean Paul Sartre, quien rechazó un Premio Nobel en medio de la Guerra de Vietnam. Y sobre todo, los intelectuales irreverentes luchan contra la hegemonía burguesa junto con la izquierda, integrando su pensamiento y enseñanza, evitando dividir lealtades. En pocas palabras, los intelectuales irreverentes trabajan en la formación de una cultura contra hegemónica.
Conclusión
Mientras que buena parte de la investigación alrededor del tema de la hegemonía burguesa se ha realizado mediante el examen de instituciones, los medios, centros educativos y propaganda de Estado, se ha puesto poca atención a cómo, dentro de la izquierda, los signos y símbolos de esta hegemonía son transmitidos, en forma putativa, por los intelectuales de izquierda. Los intelectuales son un grupo importante, particularmente para dar forma a la subjetividad de los estudiantes y, en ciertos contextos, de las clases populares. En la medida en que son visibles y tienen acceso a los medios, representan otro canal a través del cual se forma la subjetividad o conciencia política. Sus valores, carrera, opciones educativas y sus ambiciones juegan un rol al momento de dar forma a "modelos de comportamiento" y de transmitir mensajes que tienen un impacto en grupos estratégicos que se convertirán en líderes de opinión. El grado en que los intelectuales han absorbido metas burguesas e interiorizado el sistema burgués de prestigio, se convierten a su vez en un mecanismo que prolonga y profundiza la hegemonía burguesa, especialmente dentro de la izquierda.
El problema de la subjetividad es clave hoy en día. Hay cada vez más desinterés popular a lo largo del Tercer Mundo e incluso en países imperialistas. La clave del cambio está en ligar estos descontentos con movimientos de transformación social. Esto requiere teorías revolucionarias, conceptos críticos e intelectuales comprometidos que den una doble lucha, una contra los poderes burgueses y la segunda contra el doble discurso de los intelectuales de izquierda.
.Para ver este documento en original se puede ir al sitio de http://alainet.org/index.phtml.en (James Petras ALAINET.ORG)
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Los aprendices de brujos del Banco Mundial y del FMI
A fines de octubre de 2006, Nicholas Stern, consejero económico del gobierno británico envió al Primer Ministro Tony Blair un informe de 500 páginas sobre los efectos del cambio climático en curso y los medios para combatirlo. En su informe, Nicholas Stern afirma: «El cambio climático va a deteriorar las condiciones elementales de vida de la población de todo el planeta -acceso al agua, producción de alimentos, salud y medio ambiente» [1]. De manera implícita, el diagnóstico contenido en el informe constituye una condena de las políticas aplicadas por el FMI y el Banco Mundial, del que Nicholas Stern fue economista jefe [2]. El presente artículo confronta el informe Stern con las posiciones adoptadas por los principales dirigentes del Banco Mundial, del FMI y del gobierno de Washington, a lo largo de los últimos quince años. También retoma el informe que el Banco Mundial consagró en el 2006 a las catástrofes naturales. El Banco Mundial publicó un análisis que contradice lo que había afirmado hasta entonces. Intenta, como discurso, limitar la crisis de credibilidad que lo afecta pero sin abandonar en absoluto su orientación a favor de todo al mercado y su adhesión al modelo productivista destructor de los seres humanos y el medio ambiente. En cuanto al informe Stern, si bien contiene juicios muy interesantes, ni siquiera alcanza a esbozar una alternativa al modelo productivista y a la búsqueda frenética del crecimiento.
Cambio de posiciones de los dirigentes del Banco Mundial
Mientras que numerosas voces llaman la atención desde comienzos de los años ’70 sobre los peligros de un crecimiento sin límites y del consiguiente agotamiento de los recursos naturales, los dirigentes del Banco Mundial y del FMI afirmaban hasta hace poco que no había ningún peligro para la Tierra. Lawrence Summers, economista jefe y vicepresidente del Banco desde 1991 a 1996 y a continuación secretario de Estado del Tesoro durante la presidencia de William Clinton, declaraba en 1991: “No hay (...) límites a la capacidad de absorción del planeta capaces de bloquearnos en un futuro previsible. El riesgo de un apocalipsis debido a un calentamiento global o a toda otra causa es inexistente. La idea de que el mundo corre hacia su perdición es profundamente falsa. También es un profundo error pensar que deberíamos imponer límites al crecimiento debido a los límites naturales; es además una idea cuyo costo social sería asombroso si alguna vez se llegase a aplicar” [3].
En una carta dirigida al semanario británico The Economist, publicada el 30 de mayo de 1992, escribía que según su parecer, e incluso tomando el escenario más pesimista: «Esgrimir el espectro de nuestros nietos empobrecidos si no enfrentamos los problemas globales del medio ambiente es pura demagogia». Agregaba: «El argumento según el cual nuestras obligaciones morales respecto de las generaciones futuras exige un tratamiento especial de las inversiones medioambientales es estúpido» [4].
Las posturas adoptadas por Lawrence Summers causaron un verdadero clamor de indignación en la época y, cinco años más tarde, en 1997, Nicholas Stern (futuro economista principal del Banco) lo escribió en el libro auspiciado por el Banco para describir su primer medio siglo de existencia: “El compromiso del Banco en el dominio del medio ambiente ha sido puesto en duda por algunas personas después de la publicación, a fines de 1991, por la revista The Economist de extractos de una nota de servicio interno escrita por Lawrence Summers, a la sazón economista jefe. La nota de servicio interno sugería la posibilidad de que los temas de medio ambiente fuesen sobreestimados en lo que se refiere a los países en desarrollo; esos países podrían reducir sus costos marginales comerciando o tolerando sustancias contaminantes» [5].
En completa oposición con las tranquilizadoras declaraciones de Lawrence Summers, citadas más arriba, prediciendo que el calentamiento global no reduciría el crecimiento más que un 0,1% por año en el curso de los dos próximos siglos, Nicholas Stern afirma en 2006: «El informe estima que si no actuamos, los costos y los riesgos del cambio climático en conjunto representarán el equivalente de una pérdida de por lo menos el 5% del PNB mundial cada año, actualmente y para siempre. Si se toma en consideración un abanico más amplio de los riesgos y de los impactos, las estimaciones de las pérdidas podrían alcanzar hasta el 20 % del PNB o más”. Es una desmentida áspera pero tardía de las afirmaciones de Lawrence Summers.
Las afirmaciones del tipo de las de Lawrence Summers no constituyen un fenómeno aislado: reflejan la posición dominante del gobierno de Washington en relación con las decisiones del Banco Mundial y del FMI. Estas posiciones, que niegan que el modelo productivista cause graves daños al medio ambiente, y que también niegan que un cambio climático esté en curso, han sido expresadas por Washington al menos hasta hace poco.
Los numerosos discursos de Anne Krueger, economista jefe del Banco Mundial durante el mandato de Ronald Reagan y, más tarde número dos del FMI desde el 2000 a 2006, aportan la prueba. En uno de ellos, pronunciado el 18 de junio de 2003 con ocasión del 7º Foro Económico Internacional de San Petersburgo, Anne Krueger declaraba: «Tomemos esta inquietud inmemorial de que un crecimiento rápido va a agotar los recursos de combustible y que si ello se produce, el crecimiento tendrá una parada neta. Las reservas de petróleo son más importantes hoy que en 1950. En esa época, se estimaba que las reservas mundiales de petróleo se agotarían en 1970. El pronóstico no se cumplió. Hoy, las reservas conocidas pueden durar 40 años con la tasa actual de consumo. No hay duda que cuando lleguemos a 2040, la investigación y el desarrollo habrán tenido nuevos avances en la producción y la utilización de la energía”.
Esta afirmación está en contradicción con todos los resultados de investigaciones sobre las reservas de petróleo. Desde el comienzo de los años ’90, el volumen de nuevos yacimientos es inferior a la progresión del consumo [6].
Anne Krueger continuó diciendo: «Tampoco causamos daños irreparables al medio ambiente. Es claro que después de una fase inicial de degradación el crecimiento económico lleva a continuación a una fase de mejora. El punto crítico, a partir del cual la gente elige invertir en la prevención de la polución y la limpieza de las zonas contaminadas, se sitúa alrededor de 5 000 dólares de Producto Interior Bruto (PIB) por habitante».
Este último parágrafo contiene dos errores (mentiras) manifiestos. Primero, los hechos demuestran que se han causado daños irreparables al medio ambiente. Segundo, no es cierto que después de “una fase inicial de degradación” del medio ambiente, “el crecimiento económico lleva a continuación a una fase de mejora”. Los países más industrializados han superado hace tiempo los 5 000 dólares de PIB por habitante [7] y sin embargo, la mayoría de ellos continúan con una política que implica un aumento de la polución.
Hubo que esperar las consecuencias del huracán Katrina de agosto de 2005 para que la Casa Blanca comenzara, con desgano, a reconocer la evidencia.
El CADTM, así como otros movimientos, no ha esperado una catástrofe como la que golpeó a Nueva Orleáns para reprochar al Banco Mundial y al FMI las políticas que han favorecido el cambio climático y que han debilitado la capacidad de los países en desarrollo para hacer frente a las calamidades naturales. El CADTM denunció la promoción hecha por el Banco Mundial y el FMI de políticas que favorecen la deforestación y el desarrollo de megaproyectos energéticos destructores del medio ambiente [8].
Del mismo modo, pidió al Banco Mundial abandonar el apoyo a los proyectos destructores de las protecciones naturales de las costas tales como los manglares que amortiguan los efectos de tipo maremoto (tsunami) [9]. El CADTM ha exigido igualmente que el Banco Mundial suspenda sus préstamos en el sector de las industrias extractivas. Finalmente el CADTM ha criticado la decisión tomada por la Conferencia de Río de 1992 de confiar al Banco Mundial la gestión de un fondo mundial de protección al medio ambiente. Eso lleva sin duda a confiar al zorro el cuidado de las gallinas
El cambio de dirección iniciado por el Banco
Sin la menor autocrítica, el Banco Mundial publicó en abril de 2006 un informe consagrado a las catástrofes naturales. Su autor, Ronald Parker, escribe: «Hay un aumento de las catástrofes relacionadas a la degradación del medio ambiente a lo largo y a lo ancho de todo el planeta» [10].
Mientras que la cantidad de terremotos permanece casi constante, la cantidad y la amplitud de las catástrofes naturales relacionadas al clima están en fuerte aumento: de un promedio anual de 100 en 1975, pasaron a más de 400 en el año 2005. El Banco reconoce que el calentamiento global, la deforestación y la erosión del suelo han aumentado la vulnerabilidad de regiones enteras. El Banco estima que los países en desarrollo sufrieron daños de al menos 30.000 millones de dólares por año. Como lo declara Lester Brown, director del Earth Policy Institute: «Ese Informe resalta que, aunque continuemos calificando a las catástrofes como “naturales”, ellas son a veces claramente de origen humano» .
El informe de Nicholas Stern sobre el calentamiento global
Nicholas Stern es bien claro: los países menos industrializados, aunque menos responsables del calentamiento global, serán los más afectados: «Todos los países serán afectados. Los más vulnerables -los países y poblaciones más pobres- sufrirán más y más temprano, aunque hayan contribuido mucho menos al cambio climático». Agrega, en completa contradicción con la filosofía de los partidarios de la mundialización neoliberal, que: “El cambio climático es el fracaso más grande del mercado que el mundo haya conocido e interactúa con las otras imperfecciones del mercado”.
Dicho esto, Nicholas Stern no propone en absoluto alternativas al modelo productivista y al mercado capitalista. Al contrario, su informe tiene por objeto hacer sonar las campanas de alarma a fin de que fondos suficientes sean consagrados a los gastos de reconversión industrial y de protección del medio ambiente, de tal manera de permitir la continuación de este crecimiento ciego. Afirma que la humanidad puede ser al mismo tiempo “verde” y “pro-crecimiento” (“green and growth”).
Explica que el mercado de la protección del medio ambiente va a ofrecer un nuevo nicho de mercado al sector privado para obtener beneficios. Y para coronar todo ello, explica que dado que los PED contaminan menos que los países industrializados, sufriendo al mismo tiempo más los efectos del calentamiento global, podrán vender a los países ricos derechos para seguir contaminando. Con las ganancias provenientes de la venta de los derechos, podrán financiar la reparación de los daños sufridos por su población.
Conclusión
Una vez más, los partidarios del modelo productivista dominante han comenzado por negar la existencia de un problema crucial, en este caso el de los daños medioambientales y del calentamiento global, y han continuado promoviendo con fuerza políticas que agravarían la situación. Más tarde, cuando la situación se tornó insostenible, lanzaron la primicia en los medios internacionales publicando un informe sobre el tema, intentando otorgar crédito a la idea de que las instituciones internacionales y los gobiernos de los países más industrializados han tomado conciencia de ese grave problema, de hecho voluntariamente ocultado durante decenios. En resumidas cuentas, los defensores del sistema actual hacen creer que el sistema está en condiciones de aportar una solución al problema del cuál es la causa fundamental, permitiendo así su propia perpetuación. Es urgente comprender que la sola solución justa y duradera pasa justamente por el cuestionamiento de este sistema capitalista productivista, estructuralmente generador de daños medioambientales y de desigualdades galopantes.
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